Carlos Dagorret

Ensayos, análisis y reflexiones sobre tecnología, ciencia, inteligencia artificial y sociedad.

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Post · Política

Las tres trampas del periodismo digital: atención, identidad y lenguaje

· comunicación, fake news,bad information, moralidada,monetización

Hay una pregunta que casi nunca nos hacemos frente a una noticia: ¿por qué está escrita así? No me refiero al tema que aborda, sino a la forma. Al título que elige, a las palabras que subraya, al tono que adopta antes de contarnos un solo hecho verificable. Esa pregunta, que parece menor, esconde en realidad el funcionamiento de gran parte del periodismo digital contemporáneo, que ya no se organiza primero alrededor de la información sino alrededor de tres mecanismos que se retroalimentan: el secuestro de la atención, la monetización de la identidad y la persuasión invisible. Y a diferencia de una crítica abstracta a "los medios", estos tres mecanismos se pueden rastrear en casos concretos, con fecha y fuente, que vale la pena seguir hasta el original.

El secuestro de la atención

En la economía de la atención el valor de una noticia no se mide por su precisión sino por su tasa de clics y por el tiempo que logra retenernos en pantalla. Las métricas premian aquello que activa el sistema límbico —miedo, indignación, urgencia, morbo— antes que aquello que informa con matices. Para lograrlo, el titular sensacionalista recurre a una asimetría deliberada: oculta el contexto real o las condicionales del hecho para forzarnos a entrar al artículo en busca de las respuestas que el título nos negó a propósito. Verbos absolutistas —devasta, expropia, condena, oculta— convierten escenarios complejos de infraestructura, regulación o ciencia en narrativas binarias de amenaza e inminencia.

Dos casos recientes de la industria de los centros de datos de IA sirven para ver el mecanismo en acción, porque en ambos existe un documento técnico primario contra el cual se puede comparar el tratamiento periodístico.

Caso 1 — Las turbinas de xAI en Memphis y Southaven. Desde 2024, xAI instaló decenas de turbinas de gas para alimentar su supercomputadora Colossus mientras esperaba la conexión a la red eléctrica de Memphis. La cobertura técnica lo relató en términos morales antes que regulatorios: Tom's Hardware tituló que Musk usaba generadores "ilegales" y, en una nota posterior, que la compañía había instalado 59 turbinas sin permiso, con miles de toneladas de contaminantes afectando a comunidades negras. El documento primario —los comunicados y la demanda del Southern Environmental Law Center en representación de la NAACP y su estudio sobre el impacto sanitario de las turbinas propuestas— es en realidad más específico y más grave que el titular: cifra el número exacto de turbinas, las toneladas de óxidos de nitrógeno emitidas por año y los millones de dólares en daños sanitarios estimados. Aquí el sensacionalismo no inventa el conflicto —el conflicto es real y está documentado— pero sí lo empuja de la categoría "disputa regulatoria de permisos de emisión" a la categoría "traición moral de un multimillonario", que es la que genera el clic.

Caso 2 — La moratoria de centros de datos en Texas. En agosto de 2026 el gobernador Greg Abbott ordenó auditar todos los proyectos de centros de datos antes de conectarlos a la red de ERCOT, frente a una cola de interconexión de más de 470 gigavatios de solicitudes, unas cinco veces el pico histórico de demanda del estado. La cobertura especializada —TechCrunch y Utility Dive— describió la medida como una auditoría acotada a los proyectos que dependen de la red pública, sin afectar a quienes generan su propia energía. Pero la misma noticia, retransmitida en foros y redes, se resumió como Texas "declarando un alto" o un "colapso" de la relación entre el estado y la industria de IA. Los documentos primarios de ERCOT sobre el estado de la cola de interconexión de grandes cargas muestran algo más aburrido y más preciso: un problema de capacidad de estudio y planificación de red, no una ruptura política. Ese contraste entre el documento técnico y su reformulación narrativa es exactamente el mecanismo del eje 1.

Caso 3 — El recargo del IBI a la vivienda vacía en España. Desde julio de 2026, buena parte de la prensa española tituló que los propietarios con pisos vacíos pagarán "hasta un 150% más" de IBI, en la línea de titulares previos que anunciaban que la medida ya estaba "en vigor" sin más matiz. El texto legal primario —la Ley 12/2023 por el Derecho a la Vivienda, en el BOE— cuenta una historia bastante más acotada: el recargo del 150% no es automático ni general, solo puede aplicarlo el ayuntamiento que lo decida, solo alcanza a "grandes tenedores" con varias propiedades en el mismo municipio, requiere más de dos años de desocupación sin causa justificada y contempla excepciones explícitas por traslado laboral, enfermedad o venta en trámite. El titular convierte una herramienta fiscal municipal, opcional y condicionada, en un impuesto nacional inminente sobre cualquier segunda residencia.

Caso 4 — El acuerdo UE-Mercosur y las protestas agrarias. Entre 2025 y 2026, la firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur generó semanas de protestas de agricultores en Francia y España, con cobertura que replicó frases como que el pacto "está acabando con la agricultura europea" y que los recortes de la Política Agrícola Común eran "inasumibles" para el sector. El documento primario —los comunicados del Consejo de la Unión Europea sobre el acuerdo y la normativa de salvaguarda agrícola aprobada en marzo de 2026— muestra un proceso negociado en el que el propio bloque europeo introdujo, a pedido de los Estados miembros, un mecanismo específico para activar aranceles de emergencia si las importaciones de Mercosur perjudican a los productores locales. Ninguna de las dos descripciones es falsa —los agricultores tienen motivos reales de preocupación y el acuerdo efectivamente abre el mercado europeo a más competencia— pero la nota que solo cita la protesta y la frase más dramática omite que la propia UE construyó, en simultáneo, una válvula de escape institucional para el mismo riesgo que la protesta denuncia.

La monetización de la identidad

El segundo mecanismo tiene que ver con hacia dónde migraron los medios digitales: de un modelo editorial generalista a uno de segmentación ideológica y conductual. Gracias a la analítica web y al seguimiento de cookies, las redacciones saben con precisión qué encuadre genera mayor interacción en cada nicho de audiencia, y ese conocimiento cambia el objetivo del texto. Ya no se busca informar con imparcialidad sino validar la cosmovisión de quien lee. Si un medio identifica que su comunidad desconfía de las grandes corporaciones, del consenso climático o de la gestión fiscal de turno, empaqueta la realidad para confirmarle que esos temores eran fundados. Así, la noticia sobre solicitudes de conexión eléctrica de un centro de datos se convierte en la confirmación de que "se contamina lo que sea con tal de ganar la carrera" de la inteligencia artificial; el recargo del IBI a viviendas vacías se transforma en la prueba de que "el Estado busca expropiar la propiedad privada"; un estudio con una correlación estadística modesta pasa a ser la certeza de que "nos están envenenando con lo que compramos". Al no ofrecer contraargumentos ni matices que desafíen las ideas previas del lector, el medio construye un bucle de fidelización: se vuelve al portal no para aprender algo nuevo sino para sentirse reafirmado. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute, basado en casi cien mil entrevistas en 48 países, documenta justamente esto: la confianza en las noticias está en mínimos históricos mientras el consumo se traslada a redes sociales y video, es decir, a los entornos donde el filtro identitario opera con más fuerza.

La persuasión invisible

El tercer eje es quizás el más silencioso porque opera dentro de la propia sintaxis de la noticia. El periodismo clásico separaba con nitidez la sección de información de la sección de opinión. En el periodismo digital de consumo masivo esa frontera se disolvió casi por completo mediante la adjetivación calificativa e interpretativa. El mecanismo es siempre el mismo: anclar la pieza en un dato real y objetivo —una sentencia judicial, una ley, una cifra estadística, un ajuste fiscal— y superponerle de inmediato una interpretación moral o una imputación de intenciones, sin firma de columna que la respalde. Un ajuste de un tramo fiscal se convierte en "un sablazo para financiar chiringuitos"; una medida agraria pasa a ser "la decisión cobarde que condena al hambre a los productores". Al insertar el juicio dentro del cuerpo noticioso, el redactor condiciona la conclusión de quien lee, haciendo pasar una valoración subjetiva por un hecho probado e indiscutible.

Por qué conviene tomarse en serio estos tres ejes

Ninguno de los tres mecanismos funciona de manera aislada. El sensacionalismo consigue el clic, la cámara de eco lo convierte en hábito, y la mezcla de hecho y opinión termina de instalar la conclusión que el lector cree haber alcanzado por sí mismo. Entenderlo no requiere volverse cínico frente al periodismo en general —los casos de Memphis y Texas muestran que detrás del titular exagerado suele haber, en efecto, un problema real y documentado— sino aprender a bajar siempre a la fuente primaria: el estudio, la demanda judicial, el informe regulatorio, el filing técnico. Esa es la huella que conviene seguir.

Fuentes para profundizar por cuenta propia

Sobre la economía de la atención, Tim Wu reconstruye en The Attention Merchants (2016) cómo los medios pasaron de vender información a vender la atención misma de sus audiencias a los anunciantes. En la misma línea, James Williams —ex ingeniero de Google, hoy filósofo en Oxford— publicó Stand Out of Our Light (Cambridge University Press, 2018, disponible en acceso abierto), editado en español como Clics contra la humanidad, sobre cómo la tecnología está diseñada para capturar nuestra atención de forma adversarial.

Sobre la cámara de eco y el sesgo de confirmación, Eli Pariser expuso el concepto por primera vez en su charla TED "Beware online filter bubbles" (2011) y lo desarrolló en El filtro burbuja (Taurus). Cass Sunstein, en #Republic (Princeton University Press, 2017), detalla con más rigor académico la mecánica de la polarización y cómo la falta de exposición a puntos de vista contrarios fragmenta el debate público.

Sobre el lenguaje informativo y el framing, Manufacturing Consent de Edward Herman y Noam Chomsky (1988, editado en español como Los que mandan en la prensa) sigue siendo el marco teórico clásico. Y para entender por qué estos mecanismos funcionan tan bien sobre nuestra psicología, Daniel Kahneman —cuya obra y trayectoria pueden consultarse en su página de autor en Princeton— explica en Pensar rápido, pensar despacio los sesgos cognitivos que el clickbait explota sistemáticamente.

Para el seguimiento del estado de la industria misma, el Digital News Report 2026 del Reuters Institute (Universidad de Oxford) es la referencia anual sobre consumo de noticias, confianza y polarización, y los cursos de periodismo del Knight Center (Universidad de Texas en Austin) ofrecen formación gratuita en verificación de datos y ética del titular, con materiales en español.

*Nota: el lector, después de seguir estos enlaces, decide por sí mismo.*a