Al infierno vamos

El debate sobre las marcas de agua y la obsesión por rastrear el origen de cada palabra suele disfrazarse de rigor técnico o defensa del trabajo humano, pero su verdadero efecto es mucho más oscuro. La marca no existe para señalar un fraude; existe para marcarte antes de que alguien se atreva a leerte. Es la marca de Caín dada vuelta: un sello en la frente no para proteger al creador, sino para convocar al tribunal antes del primer párrafo. El contenido se vuelve secundario frente al expediente de procedencia. Ya nadie juzga la fuerza de una idea, la música de una frase o la verdad contenida en un texto; la mirada contemporánea solo busca el certificado de fabricación para decidir si otorga o deniega el permiso de sentir algo. ...

11 de enero de 2026 · 3 min