El nuevo lujo: aburrirse
Hubo una época en la que aburrirse era un problema. Hoy parece un privilegio. Esperamos el colectivo mirando el teléfono. Vemos series mientras revisamos mensajes. Escuchamos podcasts mientras caminamos. Trabajamos con música, cenamos con videos y dormimos mirando una pantalla que supuestamente nos relaja. El silencio quedó sospechosamente vacío. Da la impresión de que cualquier instante sin estímulo necesita ser llenado inmediatamente. Como si el cerebro hubiese olvidado cómo quedarse quieto sin sentirse culpable. ...