Abstract. El artículo organiza la crítica al Inbound Recruiting en cuatro ejes, cada uno respaldado por una tradición de investigación distinta. Primero, el “fraude de expectativas”: la narrativa de atracción (videos, cultura “ideal”, testimonio aspiracional) construye un contrato psicológico no escrito (Rousseau, 1989; Backhaus & Tikoo, 2004), y si la realidad de los primeros meses no coincide, sobreviene la ruptura —rotación temprana, caída de productividad, retaliación—; el antídoto documentado es la Vista Previa Realista del Puesto de Wanous (1973; Premack & Wanous, 1985), que reduce la rotación entre un 10% y un 36% mostrando también lo incómodo. Segundo, el costo oculto de la guerra por el talento pasivo (Pfeffer, 2001): cazar “ardillas rojas” afuera instala un juego de suma cero que genera inequidad salarial interna y erosiona la lealtad de la plantilla propia. Tercero, la trampa de la elocuencia por sobre la competencia: el embudo premia la autopromoción y la marca personal —la punta visible del iceberg de Alles— antes que las competencias profundas, un mecanismo que la literatura sobre el efecto halo y el impression management en entrevistas (Thorndike, 1920; investigación posterior sobre manejo de impresiones) documenta con precisión. Cuarto, el dilema del polizón (Cappelli, 2008): “comprar” talento en lugar de “construirlo” es una dinámica extractiva que empobrece al sector en su conjunto, y cuya salida no es un regreso al desarrollo puramente interno sino un balance deliberado y calibrado entre ambos caminos. La tesis de síntesis: el Inbound Recruiting es una tecnología de atracción, no una teoría de retención. Usar marketing para captar candidatos es deseable y eficiente; el error es asumir que la atracción resuelve por sí misma la gestión del talento. Atraer bien y retener bien son dos problemas gobernados por dinámicas distintas.
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